Gaspar Quintal Parra nos invita —muy solemne— a “hacer una pausa” para analizar los primeros 15 meses del gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum. Habla de cifras, de porcentajes, de déficit fiscal y de crecimiento económico como quien descubre el hilo negro. Según él, con más del 60 % de los votos y mayorías legislativas, el gobierno tenía “todo” para consolidar resultados… y lo que hoy vemos, dice, es apenas un espejismo.
Lo curioso es que esa pausa que propone nunca incluye un espejo. Porque cuando se trata de revisar los primeros 15 meses de los gobiernos priistas y panistas —los mismos de los que él ha formado parte—, ahí la memoria se le nubla, las cifras desaparecen y el análisis se vuelve selectivamente amnésico.
¿O acaso ya se nos olvidó qué ofrecieron esos gobiernos a los jóvenes? ¿A las madres? ¿A las personas de la tercera edad? Nada. Absolutamente nada que no fuera asistencialismo discrecional, abandono del territorio y una política diseñada para las élites, no para la gente. Eso sí: déficit social dejaron de sobra, aunque de eso no habla.
Es muy cómodo pontificar desde la tribuna cuando nunca se caminó el polvo de las colonias ni se tocó una sola puerta con humildad. Gaspar Quintal Parra ha sido regidor, ha sido diputado… y parece que siempre lo fue sin despeinarse, sin sudar, sin cargar un solo volante bajo el sol. ¿Cuántas veces ha salido realmente a pedir el voto? ¿Cuántas casas ha recorrido? ¿Cuántas historias ha escuchado fuera del aire acondicionado?
La ironía es brutal: quienes gobernaron sin resultados hoy se erigen como jueces del desempeño ajeno. Los mismos que no transformaron nada ahora exigen transformaciones inmediatas. Los que nunca construyeron bases sociales hoy reclaman “consolidación”.
Si de verdad quisiera aportar al debate público, Gaspar Quintal Parra haría un ejercicio elemental de honestidad: comparar, reconocer fracasos propios y proponer algo más que nostalgia maquillada de análisis técnico. Pero mientras eso no ocurra, su discurso no es una crítica responsable: es oportunismo político con pretensiones de análisis.
A veces, cuando no se tiene nada nuevo ni útil que decir, el silencio también es una forma de contribuir.
