Zamná Luna ya puede colgar otro diploma en la pared: Maestro en Políticas Públicas Comparadas. Lástima que ese título no sirva para lo más básico: hacer política real.
Porque mientras presume formación académica, en los hechos ha quedado exhibida una alarmante incapacidad para operar, negociar y construir acuerdos. Y no es un actor menor: es pieza clave en el círculo de poder del diputado Wilmer Manuel Monforte Marfil, quien controla la Junta de Gobierno y Coordinación Política y la bancada de MORENA.
Y aun así, el Congreso de Yucatán navega sin rumbo.
No pudieron sacar adelante la solicitud de préstamo. No han logrado alinear la agenda legislativa con el Ejecutivo. No hay estrategia, no hay control político y, peor aún, no hay resultados.
Entonces surge la pregunta incómoda:
¿Para qué sirve esa “maestría” si en la práctica todo sale mal?
Aquí no hay espacio para excusas académicas. La política no se califica con diplomas, se mide con resultados. Y lo que hoy se ve es simple: improvisación, desorden y una evidente falta de capacidad.
Lo grave no es que falle un asesor, lo verdaderamente preocupante es que quien debería ser el cerebro detrás de la operación legislativa se ha convertido en un lastre.
Porque cuando el supuesto “súper asesor” no puede ni siquiera sacar adelante lo esencial, deja de ser asesor y se convierte en el principal problema.
Yucatán no está para experimentos ni simulaciones. Hoy queda claro que entre lo que presume saber y lo que realmente hace, hay un abismo.
Un abismo que está costando caro.
