Promoción disfrazada de gestión… y pagada por los ciudadanos.
El día de ayer, la alcaldesa de Mérida, Cecilia Patrón Laviada, presumió en sus redes sociales la instalación de una banca “Tú y Yo”, esas piezas emblemáticas de los parques y espacios públicos de Yucatán, también conocidas como “confidentes”.
Hasta ahí, podría parecer un acto simbólico de promoción cultural. Sin embargo, el problema no es la banca… es el fondo.
Porque lo primero que salta a la vista es: ¿qué hacía una banca representativa de Mérida instalada en la alcaldía Cuauhtémoc de la Ciudad de México?
¿Con qué propósito? ¿Bajo qué autorización? ¿Y, sobre todo, con qué recursos?
Aquí es donde comienza la opacidad.
Trasladar personal, logística, materiales, imagen institucional y la propia presencia de la alcaldesa no es gratuito. Todo eso tiene un costo. Y ese costo, inevitablemente, sale del bolsillo de los ciudadanos de Mérida.
Entonces la pregunta es legítima:
¿qué reciben a cambio las colonias del sur y las comisarías que siguen esperando servicios básicos, atención real y políticas públicas que impacten su calidad de vida?
Porque mientras en Mérida hay zonas con rezagos evidentes, se destinan recursos públicos para montar escenarios fuera del estado con fines que parecen más de promoción personal que de verdadera gestión pública.
Y esto no es un caso aislado. Se está cayendo en la misma lógica de espectáculo político que recientemente hemos visto en otros actores, como el gobernador Joaquín Díaz Mena con su mediático video sobre un donativo a Cuba, o el diputado local Álvaro Cetina con su cuestionado “gesto solidario” de donar un mes se sueldo a Salud, en respuesta al video del Gobernador, quedando en ridiculo porque no utilizo los cauces adecuados.
Acciones que, lejos de generar reconocimiento, provocan indignación.
Porque el ciudadano ya no es ingenuo. Sabe perfectamente distinguir entre una política pública real y un montaje para redes sociales. Y lo que más molesta no es el acto en sí, sino el uso de recursos públicos para construir imagen personal.
La pregunta final es inevitable:
¿quiénes son los asesores que están detrás de estas decisiones?
¿De verdad no hay nadie que les advierta el costo político de este tipo de acciones?
Porque lejos de fortalecer su imagen, lo único que están logrando es profundizar el enojo ciudadano.
Y ese, tarde o temprano, se cobra en las urnas.
