La política yucateca volvió a exhibir uno de sus mayores males: la improvisación
legislativa y el sometimiento de algunos partidos a intereses ajenos a la verdadera representación ciudadana. Lo ocurrido en el Congreso del Estado dejó en evidencia algo que muchos sospechan desde hace tiempo: hay diputados que no leen, no estudian y simplemente levantan la mano obedeciendo consignas.
En ese escenario, el coordinador del PRI en el Congreso, Gaspar Quintal Parra, terminó dándole una lección política y parlamentaria al dirigente estatal del PT, Francisco Rosas Villavicencio, conocido en los pasillos políticos como “el forastero”. Y es que la discusión dejó al descubierto la falta de conocimiento legislativo de quien, sin haber construido una trayectoria electoral real en Yucatán, hoy controla el Partido del Trabajo en el estado.
El señalamiento no es menor. Mientras miles de yucatecos enfrentan problemas económicos y exigen mejores resultados de sus representantes, el PT local se ha convertido, según múltiples críticas, en un espacio dominado por personajes que llegaron desde fuera y terminaron colocando a familiares y allegados en posiciones financiadas con recursos públicos provenientes de los impuestos de los ciudadanos yucatecos.
La intervención de Gaspar Quintal no solo exhibió errores de forma y fondo; también dejó claro que hay legisladores que ni siquiera conocen las iniciativas que discuten. La escena mostró a un PT reducido a obedecer instrucciones políticas, sin capacidad de argumentar ni sostener técnicamente sus posturas.
Y detrás de ello vuelve a aparecer el nombre de Martín Chuc Pereira, señalado constantemente por operar políticamente desde las sombras y ejercer un control excesivo dentro del Congreso. Versiones internas incluso apuntan a que ha influido en movimientos y ceses dentro de la Secretaría Anticorrupción, colocando piezas cercanas a sus intereses. La percepción que empieza a crecer es peligrosa: instituciones que deberían garantizar legalidad y transparencia terminan convertidas en espacios de operación política.
En el caso de Francisco Rosas, la crítica también toca un punto inevitable: su falta de legitimidad electoral. Nunca ha ganado una elección constitucional por voto directo. Su permanencia política ha dependido de las posiciones plurinominales y de acuerdos cupulares, no del respaldo ciudadano en las urnas. Eso explica, quizá, la desconexión que mostró durante el debate legislativo.
Lo sucedido deja una pregunta inevitable para la militancia del PT en Yucatán: ¿hasta cuándo seguirán permitiendo que el partido sea manejado por grupos alejados de la identidad y los intereses yucatecos? Otros institutos políticos ya entendieron el desgaste que generan las imposiciones externas. El caso del Partido Verde y el relevo de figuras como Harry Rodríguez Botello Fierro es ejemplo de cómo la presión política y social puede terminar obligando cambios.
Yucatán necesita representantes preparados, con arraigo y conocimiento del estado, no operadores políticos improvisados que llegan a administrar partidos como franquicias personales. Porque cuando en el Congreso prevalece la obediencia ciega sobre el estudio y el debate, quien termina perdiendo no es un partido: es la ciudadanía.
Credito al video de Noticias para Todos.
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