Guillermo Cortés: la continuidad del grupo político de Rolando Zapata en la 4T.
Credito tambien al Diario de Yucatán y Revista Proceso.
La política mexicana suele demostrar que los colores partidistas cambian más rápido que las lealtades personales. Yucatán no es la excepción. Uno de los casos que mejor ilustra este fenómeno es el de Guillermo Cortés González, un funcionario que ha transitado por distintas responsabilidades públicas, pero cuya trayectoria siempre ha estado ligada al círculo más cercano del exgobernador Rolando Zapata Bello.
Durante la etapa de Rolando Zapata como diputado federal, Guillermo Cortés fue considerado uno de sus colaboradores de mayor confianza. Posteriormente, cuando Zapata Bello llegó al Gobierno de Yucatán, lo incorporó a su administración y lo convirtió en Secretario Técnico de Planeación, una posición estratégica dentro del aparato gubernamental.
Sin embargo, la historia no terminó con la derrota electoral del PRI en Yucatán. Mientras muchos militantes y cuadros priistas enfrentaron el desempleo político, varios integrantes del grupo cercano al exgobernador encontraron acomodo en espacios controlados por la llamada Cuarta Transformación.
Guillermo Cortés es uno de los ejemplos más visibles. Primero apareció vinculado al Infonavit durante la gestión del yucateco Rogelio Castro y posteriormente encontró una nueva posición dentro de la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte (Conade), encabezada por Rommel Pacheco. El caso llama la atención porque no se trata de un personaje aislado, sino de una serie de exfuncionarios y allegados al antiguo régimen priista que han logrado mantenerse dentro de la estructura gubernamental federal.
La situación resulta aún más relevante cuando se observa que en la propia Conade también se comenta que labora una hija de Víctor Caballero Durán, uno de los políticos más cercanos a Rolando Zapata Bello, quien ocupó cargos de primer nivel como Secretario General de Gobierno y Secretario de Educación durante aquella administración. La coincidencia alimenta la percepción de que el antiguo grupo político no desapareció con la derrota electoral, sino que simplemente migró hacia nuevos espacios de poder.
A este contexto se suma la información publicada por la revista Proceso, donde se dio a conocer que Cecilia Vidals Rosas, titular de la Oficina de Representación de la Secretaría Anticorrupción y Buen Gobierno en la Conade, solicitó la contratación de su sobrino político, Fernando Sánchez Sevilla, petición que habría sido autorizada por el subdirector general de la dependencia, Guillermo Cortés González.
Más allá de las responsabilidades administrativas o legales que pudieran derivarse de ese caso, el episodio vuelve a colocar los reflectores sobre una práctica que los ciudadanos han cuestionado durante décadas: la utilización de relaciones personales y políticas para acceder a cargos públicos.
La pregunta de fondo es inevitable. ¿La llegada de la Cuarta Transformación significó realmente una renovación de los cuadros de gobierno o simplemente abrió la puerta para que viejos grupos políticos encontraran nuevos refugios institucionales? Los nombres, los cargos y las trayectorias parecen indicar que, al menos en algunos casos, las redes de influencia siguen funcionando con notable eficacia.
Porque mientras miles de ciudadanos esperan oportunidades por mérito y capacidad, ciertos personajes parecen tener garantizada una silla en el servicio público sin importar qué partido gane las elecciones. Y eso, más que un cambio de régimen, parece la continuidad de una misma élite política adaptándose a los nuevos tiempos.
