EL MC DE LOS AMIGOS Y EL BOQUETE DE UMÁN.
Columna política.
Hay renuncias que son administrativas.
Hay renuncias que son personales.
Y hay renuncias que, por más que se quieran maquillar, huelen a ruptura política.
La salida de Concepción “Conchita” Ruiz Huchin de Movimiento Ciudadano en Umán pertenece, cuando menos, a esta última categoría.
Y lo verdaderamente preocupante no es solamente que una de las figuras que defendió al partido naranja durante dos procesos electorales haya decidido marcharse.
Lo preocupante es la manera en que la dirigencia estatal intenta explicar su salida.
La respuesta de Vida Gómez Herrera resulta, por decir lo menos, políticamente desafortunada: señalar que el nombramiento de Secretaria de Acuerdos de Conchita Ruiz “ya había vencido”.
¿Y?
¿Eso borra su trabajo?
¿Eso borra los dos procesos electorales?
¿Eso borra su presencia política en Umán?
¿Eso convierte automáticamente en irrelevante a quien ayer era parte del proyecto y hoy decidió abandonarlo?
Porque cuando alguien deja de pertenecer al círculo, parece que en MC también cambia la historia.
Ayer era importante. Hoy resulta que el cargo ya había vencido.
Qué conveniente.
Pero la declaración de Vida Gómez abre una puerta que quizá la propia dirigencia no calculó.
Si el argumento para minimizar una responsabilidad partidista es que el nombramiento ya venció, entonces hay una pregunta que nadie puede esquivar:
¿CUÁNTOS NOMBRAMIENTOS EN MOVIMIENTO CIUDADANO YUCATÁN YA VENCIERON?
Y hay otra todavía más incómoda:
¿EL DE VIDA GÓMEZ HERRERA TAMBIÉN?
Porque las reglas no pueden aplicarse dependiendo de quién se queda y quién se va.
Si los nombramientos vencidos dejan de tener valor político, que se revise toda la estructura.
No solamente la de quien acaba de renunciar.
Y aquí aparece el problema de fondo.
Hace tiempo que en los círculos políticos de Yucatán se comenta una percepción incómoda: Movimiento Ciudadano parece cada vez menos un movimiento abierto a la ciudadanía y cada vez más un pequeño club político.
Un partido donde las mismas personas aparecen, las mismas voces deciden y las mismas cercanías parecen abrir las puertas que para otros permanecen cerradas.
Si eso es falso, que lo demuestren.
Que abran las estructuras.
Que transparenten los procesos.
Que expliquen cómo se toman las decisiones.
Que digan quiénes participan realmente en la construcción de las candidaturas.
Porque un partido que habla de ciudadanía, participación y nuevas formas de hacer política no puede comportarse como una oficina privada donde unos cuantos deciden quién entra, quién sale y quién tiene futuro electoral.
Y Umán acaba de poner el dedo en la llaga.
Ahora resulta que alrededor de la salida de Conchita circulan versiones sobre un supuesto ofrecimiento económico para cambiar de camiseta.
Hasta hoy, eso es una versión, no un hecho probado.
Pero tampoco puede utilizarse esa versión para esconder el verdadero debate.
Si hubo un ofrecimiento, que se pruebe.
Si no lo hubo, que se desmienta categóricamente.
Pero si Conchita se fue por desencanto, diferencias internas o porque encontró cerradas las puertas que alguna vez estuvieron abiertas, entonces el problema está dentro de MC y no fuera de él.
Porque los partidos políticos no pierden liderazgos solamente cuando alguien ofrece dinero.
También los pierden cuando dejan de escuchar, cuando excluyen, cuando centralizan y cuando convierten un proyecto ciudadano en un proyecto de grupo.
Y aquí está el verdadero cañonazo.
No necesariamente el de los 50 mil pesos de Álvaro Obregón.
El cañonazo que realmente debería preocupar a MC es el que puede recibir en las urnas cuando los ciudadanos descubran que detrás de un discurso de apertura existe una estructura cerrada.
2027 todavía está lejos en el calendario, pero políticamente ya comenzó.
Y Umán puede ser apenas el primer aviso.
Porque si una organización pierde a sus propios cuadros antes de que inicie formalmente la batalla electoral, debería preguntarse qué está haciendo mal.
No basta con decir:
“Fue una decisión personal”.
La política seria exige preguntarse:
¿Por qué una persona que caminó contigo decidió dejar de hacerlo?
Y todavía hay algo peor.
Cuando una dirigencia necesita explicar la salida de un cuadro político recordándole públicamente que su nombramiento ya había vencido, corre el riesgo de parecer más preocupada por desacreditar a quien se va que por entender por qué se fue.
Eso no es fortaleza.
Eso es inseguridad política.
MC Yucatán tiene una oportunidad.
Puede demostrar que no es el partido de un pequeño grupo.
Puede demostrar que no hay privilegiados.
Puede demostrar que las decisiones no se toman entre amigos.
Puede demostrar que sus estructuras tienen reglas claras y vigentes.
Pero para hacerlo tendrá que responder algo muy sencillo:
¿Movimiento Ciudadano en Yucatán es realmente un movimiento ciudadano… o solamente un movimiento de unos cuantos?
Porque los ciudadanos podrán tardar en darse cuenta.
Pero cuando lo hacen, no hay comunicado que alcance para detener el voto.
Y Umán acaba de encender una luz naranja.
La pregunta es si MC la verá como una señal de alerta… o seguirá creyendo que solamente se trata de una pequeña chispa.
