PARTIDO PAZ EN YUCATÁN: ES TIEMPO DE RECONOCER A LOS LIDERAZGOS LOCALES.
Por una política con arraigo, identidad y resultados
La política también se construye con memoria. Por eso vale la pena retomar la publicación de El Heraldo de Tabasco, del 30 de marzo de 2024, titulada “Punto y Aparte.
https://oem.com.mx/elheraldodetabasco/analisis/punto-y-aparte-el-petista-ortiz-celaya-con-entusiasmo-trabaja-13104794
El petista Ortiz Celaya, con entusiasmo, trabaja”, una referencia periodística que hoy invita a reflexionar sobre el liderazgo de Juan Carlos Ortiz Celaya, actual presidente del Partido Nacional PAZ en Yucatán, y sobre el papel que deben desempeñar los dirigentes partidistas en la construcción de proyectos políticos con verdadera presencia territorial.
Más allá de lo publicado entonces, la discusión que hoy importa es otra: ¿están las dirigencias nacionales aprovechando el talento y la experiencia política de quienes conocen y trabajan diariamente en sus estados, o continúan privilegiando nombramientos por amistad, cercanía personal, familiar o compromisos con antiguos dirigentes?
Yucatán cuenta con hombres y mujeres que conocen sus municipios, sus comunidades, sus costumbres, su cultura y las necesidades reales de la población pero lo mas importante saben hacer política. Son personas que recorren el territorio, dialogan con los ciudadanos, organizan estructuras y mantienen viva la actividad política incluso cuando no hay campañas electorales. Ese trabajo tiene un valor que no puede ignorarse ni sustituirse con nombramientos hechos desde un escritorio.
Por ello, la dirigencia nacional de PAZ tiene ante sí una responsabilidad ineludible: fortalecer el partido en Yucatán mediante el reconocimiento de sus liderazgos locales, la apertura de espacios a quienes han demostrado capacidad y la construcción de una estructura que responda a la realidad yucateca.
No se trata de establecer una exclusión por el lugar de nacimiento de una persona. Cualquier ciudadano puede contribuir al desarrollo político de un estado cuando demuestra compromiso, arraigo y conocimiento de su gente. Lo cuestionable es que se asignen responsabilidades a personas sin suficiente conocimiento de la entidad, mientras se desplaza a quienes llevan años trabajando en el territorio. La residencia, la integración a la comunidad y el conocimiento de la realidad local deben pesar más que las relaciones personales.
La experiencia de otros partidos en Yucatán también merece una revisión crítica. Los casos de las dirigencias vinculadas al Partido Verde quien tuvieron que cambiar a su presidente, al Partido del Trabajo quien no ha realizado nada por los yucatecos y en cambio el dirigente tiene a sus familiares en el Comité eso nos plantean interrogantes sobre los resultados, la participación de los cuadros locales y la distribución de las responsabilidades partidistas. ¿Qué beneficios concretos han obtenido las bases y los militantes que trabajan diariamente? ¿Cuánto se ha avanzado en la formación de nuevos liderazgos y en la construcción de estructuras municipales sólidas? Son preguntas legítimas que deben responderse con resultados, no solamente con discursos.
También es necesario garantizar que la administración de los partidos se conduzca con transparencia, profesionalismo y apertura. Los cargos y las oportunidades deben asignarse por capacidad, experiencia y trabajo demostrado, no por parentesco o cercanía con quienes toman las decisiones. Las dirigencias tienen que rendir cuentas a su militancia y demostrar que los recursos humanos y económicos se traducen en organización, presencia social y resultados.
En este contexto, Juan Carlos Ortiz Celaya y la dirigencia nacional de PAZ tienen la oportunidad de demostrar que el partido puede hacer las cosas de manera diferente nombrando en cada Estado a los presidentes del partido que sean de la localidad para que la gente les tenga confianza .
El reto no consiste únicamente en mantener una presidencia estatal, sino en construir una organización incluyente, competitiva y cercana a los ciudadanos, donde los liderazgos yucatecos tengan voz, participación y posibilidades reales de asumir responsabilidades.
Los partidos políticos no se fortalecen utilizando a sus militantes como operadores temporales para después relegarlos. Se fortalecen cuando reconocen su esfuerzo, escuchan sus propuestas y les permiten participar en las decisiones.
Yucatán no necesita dirigentes de paso ni estructuras cerradas; necesita liderazgos comprometidos con su gente. La dirigencia nacional de PAZ debe entender que la confianza ciudadana no se obtiene mediante nombramientos, sino con trabajo, congruencia, identidad y resultados.
La pregunta queda abierta: ¿PAZ aprovechará la experiencia de los yucatecos que conocen y trabajan el territorio, o repetirá las prácticas que tanto han debilitado a otras organizaciones políticas?
El momento de corregir el rumbo es ahora. Porque cuando un partido ignora a quienes construyen su presencia desde abajo, corre el riesgo de quedarse únicamente con una dirigencia, pero sin una verdadera base social.
Yucatán merece respeto político, oportunidades para sus liderazgos y partidos que trabajen para los yucatecos.
