Ante la falta de liderazgos que inspiren confianza, algunos partidos políticos parecen apostar por influencers, tiktokers, comediantes y figuras del espectáculo para ganar visibilidad y sumar votos.
Que quede claro: nadie debe ser excluido de la política por su profesión, pero la fama no sustituye la preparación, los seguidores no garantizan capacidad y la popularidad no es sinónimo de liderazgo.
Morena, Movimiento Ciudadano y todos los partidos tienen la responsabilidad de postular perfiles con trayectoria, integridad, capacidad y verdadero compromiso con la ciudadanía. Las candidaturas no deberían responder únicamente a cálculos electorales, sino a la responsabilidad de representar dignamente a la sociedad.
Porque gobernar no es acumular likes, grabar videos virales ni vivir de la imagen. Es tomar decisiones, administrar recursos públicos y responder por sus consecuencias.
La ciudadanía merece respeto, no estrategias de marketing disfrazadas de representación popular.
⚖️ La fama puede ganar votos; la confianza se gana con hechos. Y quien aspira a gobernar debe demostrar que tiene algo más que seguidores: debe demostrar que tiene capacidad para servir.
