MORENA NO ENCUENTRA LA LLAVE DE MÉRIDA: ¿HUACHO LE APUESTA AL AMIGO LIBORIO?
La joya de la corona, el dolor de cabeza de Morena.
En política, los encuentros aparentemente casuales suelen convertirse en tema de conversación cuando ocurren en el momento preciso. Y en Yucatán, cuando se comienza a hablar de las elecciones de 2027, cualquier movimiento alrededor de la candidatura de Mérida despierta suspicacias, particularmente dentro de Morena, el partido que conquistó la gubernatura, pero que no logró arrebatarle al PAN el Ayuntamiento de la capital. La pregunta es inevitable: ¿tiene Morena en Yucatán una figura con el peso político, la estructura territorial y el reconocimiento ciudadano necesarios para disputar la joya de la corona? Hasta ahora, el panorama público no muestra una candidatura consolidada que permita dar por resuelto ese desafío. La derrota de 2024 dejó una lección que el morenismo no puede ignorar: tener la gubernatura no significa tener asegurado el control político de Mérida. Los números son contundentes. En la elección municipal de 2024, Cecilia Patrón Laviada obtuvo 258 mil 489 votos, frente a los 205 mil 395 sufragios de Rommel Pacheco, candidato de Morena, PT y PVEM. Una diferencia de 53 mil 94 votos que dejó claro que la capital conserva una dinámica electoral propia y que el respaldo al proyecto de la Cuarta Transformación no se traduce automáticamente en votos para el Ayuntamiento. EL PROBLEMA NO ES SOLAMENTE EL PARTIDO, SINO QUIÉN LO REPRESENTA Morena tiene presencia, estructuras y una base electoral importante en Yucatán. Sin embargo, una cosa es contar con una marca partidista competitiva y otra muy distinta es construir un liderazgo municipal capaz de aglutinar grupos, sumar sectores inconformes y conectar con las preocupaciones cotidianas de los meridanos. Ahí está el verdadero desafío. Mientras el calendario electoral avanza, la pregunta sobre quién encabezará la candidatura morenista en Mérida continúa alimentando especulaciones. Y cuando una organización política no tiene una figura claramente posicionada, las miradas comienzan a dirigirse hacia personajes que vienen de otras corrientes, que conocen las estructuras del poder y que mantienen relaciones con distintos grupos políticos y empresariales. Es en ese contexto donde aparece un nombre conocido en la política yucateca: Liborio Vidal Aguilar, el llamado Amigo Liborio. Vidal no es un recién llegado. Su trayectoria incluye cargos públicos, experiencia política y una relación histórica con el panismo y con distintos actores del estado. Precisamente por eso, cualquier versión sobre un eventual acercamiento con Morena abre una discusión sobre la identidad política del partido y la estrategia que podría adoptar rumbo a 2027. ¿Se trata de sumar experiencia y estructura o de reconocer que las figuras propias todavía no terminan de llenar el espacio que exige una candidatura de esta magnitud? EL ENCUENTRO EN EL AEROPUERTO Y LAS LECTURAS POLÍTICAS La imagen de Joaquín Díaz Mena junto a Liborio Vidal, en el contexto de la visita de la presidenta Claudia Sheinbaum, ha dado pie a interpretaciones sobre el futuro político del vallisoletano y su posible papel en la contienda municipal. Si, como se comenta en los círculos políticos, Huacho hubiera buscado presentarle a la presidenta un perfil externo para ponerlo sobre la mesa de cara a Mérida, el movimiento tendría una lectura evidente: abrir la puerta a una alternativa que no depende exclusivamente de los cuadros tradicionales de Morena. Pero hay que distinguir entre una fotografía, una presentación política y una decisión formal. Hasta ahora, el encuentro por sí solo no acredita que exista un acuerdo para postular a Vidal como candidato a la alcaldía. Aun así, la pregunta resulta pertinente: ¿por qué tendría que mirar Morena hacia un personaje con trayectoria en otros partidos si cuenta con una militancia que ha trabajado para construir el proyecto guinda? La respuesta, si esa hipótesis llegara a confirmarse, estaría en la necesidad de ampliar su capacidad de convocatoria. En una elección municipal no basta con tener simpatizantes; también cuentan el conocimiento de las colonias, la organización territorial, las alianzas, la reputación pública y la capacidad de articular una propuesta convincente para una ciudad con necesidades diversas. ¿UNA APUESTA POR LA EXPERIENCIA O UNA SEÑAL DE DEBILIDAD INTERNA? La eventual incorporación de Liborio Vidal a un proyecto de Morena plantearía un dilema político. Por un lado, sumar a un personaje con experiencia y relaciones construidas durante años podría ampliar las conversaciones con sectores que no necesariamente se identifican con el núcleo tradicional del partido. Por otro, también abriría interrogantes entre militantes y simpatizantes que esperarían ver a cuadros propios en las posiciones más importantes. No sería un asunto menor. Las candidaturas no solamente se construyen con acuerdos entre dirigentes: requieren legitimidad interna y credibilidad ante los electores. Además, la trayectoria de Vidal obliga a formular preguntas sobre la congruencia de una eventual incorporación, sus compromisos políticos y el proyecto de ciudad que defendería. Cambiar de siglas, por sí mismo, no resuelve los problemas de representación ni garantiza la confianza ciudadana. Y tampoco existe una candidatura que pueda considerarse ganadora de antemano. La elección de 2027 dependerá de los resultados de los gobiernos, las propuestas, la participación ciudadana, las alianzas y la valoración que hagan los meridanos de cada aspirante. HUACHO ANTE EL RETO DE 2027 Para Joaquín Díaz Mena, Mérida representa un reto político de primer orden. Su triunfo en la gubernatura en 2024 demostró la capacidad de Morena y sus aliados para construir una mayoría estatal; la derrota municipal, en cambio, evidenció que la capital requiere una estrategia específica. Si el gobernador considera necesario explorar perfiles fuera de la estructura tradicional de Morena, tendrá que explicar políticamente qué aportan, cómo se integran al proyecto y de qué manera se evitaría que la búsqueda de una candidatura termine desplazando a quienes han sostenido al partido. La presidenta Claudia Sheinbaum, por su parte, tiene ante sí un movimiento que debe leerse con prudencia: una presentación o un encuentro no equivalen a un respaldo electoral. Cualquier definición tendrá que pasar por los procedimientos partidistas y por la valoración de las condiciones reales de la capital. En definitiva, la discusión no debería reducirse a si Liborio Vidal puede convertirse en el candidato de Morena. La cuestión de fondo es si el partido ha construido una propuesta municipal suficientemente sólida para competir sin depender de soluciones de última hora. Porque Mérida no se gana con fotografías en un aeropuerto, con acuerdos cupulares ni con nombres conocidos por sí solos. Se necesita organización, confianza, propuestas y una candidatura capaz de responder a las demandas de la ciudad. La gran incógnita rumbo a 2027 no es quién aparece junto al gobernador en una fotografía, sino qué proyecto político será capaz de convencer a los meridanos. Y si el nombre del Amigo Liborio comienza a circular como una posible carta para Mérida, la pregunta queda abierta: ¿estamos ante una operación política en construcción o ante el reconocimiento de que Morena todavía tiene pendiente?
