Comunicar para Poder Gobernar.
La salida de Joaquín Ocampo de la Coordinación General de Comunicación Social del Gobierno de Yucatán y la designación de Janitzio Durán Ortegón marcan un nuevo capítulo en una de las áreas más sensibles de cualquier administración pública. No se trata únicamente de un cambio de funcionarios; es un reconocimiento implícito de que la estrategia de comunicación requiere ajustes de fondo.
Con este relevo, ya son varios los responsables que han pasado por la conducción de la comunicación institucional desde el inicio de la administración del gobernador Joaquín Díaz Mena. Cuando una posición estratégica registra cambios frecuentes, el análisis debe ir más allá de los nombres. La estabilidad en estas áreas suele ser reflejo de una estrategia consolidada; la rotación constante, en cambio, puede revelar dificultades para encontrar el modelo adecuado.
En la política contemporánea, comunicar no es una tarea accesoria. Es una función de gobierno. La comunicación social constituye el vínculo permanente entre las decisiones de la autoridad y la percepción ciudadana. De poco sirven los programas públicos, las obras o las acciones de gobierno si la población no conoce sus alcances o si los mensajes oficiales llegan tarde, de forma confusa o sin credibilidad.
La experiencia también demuestra que la relación entre gobierno y medios de comunicación debe construirse sobre el respeto mutuo. La crítica periodística forma parte de la vida democrática y no puede responderse con distanciamiento o confrontación. Cuando esa relación se deteriora, el costo suele recaer en la propia administración, que pierde interlocución, capacidad de explicar sus decisiones y margen para conducir la conversación pública.
La comunicación institucional exige algo más que boletines de prensa y publicaciones en redes sociales. Requiere planeación, sensibilidad política, capacidad para anticipar escenarios de crisis y disposición permanente al diálogo con periodistas, líderes de opinión, organizaciones sociales y ciudadanía.
Janitzio Durán Ortegón asume ahora esa responsabilidad con la ventaja de conocer la dinámica interna del gobierno. Sin embargo, el reto principal no será administrativo, sino político: recuperar la confianza, fortalecer los canales de comunicación y construir una narrativa que acompañe el proyecto gubernamental.
La historia reciente demuestra que los gobiernos no siempre enfrentan sus mayores dificultades por falta de resultados. En numerosas ocasiones, el desgaste surge porque esos resultados no logran comunicarse eficazmente o porque la narrativa oficial pierde fuerza frente a otros actores.
Por ello, la Coordinación General de Comunicación Social debe entenderse como un espacio estratégico para la gobernabilidad. No solo informa; también escucha, interpreta el entorno, identifica riesgos y contribuye a mantener la estabilidad institucional.
El relevo ofrece la oportunidad de corregir el rumbo. No bastará con un cambio de titular si no existe una estrategia integral que privilegie el diálogo, la transparencia y la construcción de confianza.
Gobernar implica tomar decisiones. Pero también implica explicarlas, sostenerlas y escuchar las reacciones que generan. En una democracia, la comunicación no es propaganda ni control de daños. Es una herramienta para fortalecer la relación entre gobierno y sociedad.
El éxito de esta nueva etapa no dependerá únicamente del nuevo responsable del área, sino de la convicción de todo el gobierno de que la comunicación social es, probablemente, la piedra angular sobre la que descansa la gobernabilidad. Cuando ese puente se debilita, también lo hace la confianza ciudadana, uno de los activos más valiosos de cualquier administración pública.
