La posibilidad de que se caiga la Feria de Xmatkuil no es un simple rumor: es el reflejo de un conflicto que el Gobierno del Estado dejó crecer por años… y hoy le explota en la cara.
Los ejidatarios de Dzunucán no están improvisando. Salieron a medir, a documentar y a evidenciar. Su mensaje es claro: aquí hay tierra utilizada, eventos millonarios realizados… y una deuda que nadie ha querido pagar. No es un capricho, es un reclamo legítimo que ha sido ignorado sistemáticamente.
Mientras la feria y el carnaval generan derrama económica, turismo y proyección para Yucatán, quienes son dueños de la tierra siguen esperando. Y cuando el diálogo falla, la presión sube: hoy advierten que podrían cerrar el paso. Así de grave.
Y aquí es donde el problema deja de ser ejidal… y se convierte en político.
Porque no se trata solo de un conflicto de pago, sino de una alarmante falta de operación dentro del propio gobierno. Un vacío de autoridad, de estrategia y de responsabilidad que hoy pone en riesgo uno de los eventos más importantes del estado.
Detrás de esta crisis hay un póker de funcionarios que, lejos de resolver, han empujado al gobernador Joaquín Díaz Mena al borde del desgaste prematuro:
El Consejero Jurídico, Gaspar Alemany, simplemente no ha hecho lo que le corresponde: dar certeza legal y destrabar el conflicto.
El Secretario de Gobierno, Omar Avilés, ha fallado en lo esencial: la operación política. No hay acuerdos, no hay contención.
El Subsecretario, Pablo Castro, ha demostrado incapacidad para construir puentes en un momento donde se necesita oficio político, no improvisación.
Y el Director de Ferias, Alberto “Tito” Basulto, más conocido por las pachangas que por resultados, parece ajeno a la magnitud del problema que hoy amenaza el evento que debería garantizar.
Todos ellos tienen algo en común: la inacción.
Y esa inacción tiene consecuencias. Hoy no solo está en riesgo la feria, está en juego la credibilidad de un gobierno que no ha sabido anticiparse ni resolver.
Xmatkuil no es cualquier evento. Es identidad, economía y tradición. Perderla —aunque sea un año— sería un golpe durísimo.
La pregunta ya no es si los ejidatarios tienen razón.
La pregunta es: ¿hay alguien en el gobierno capaz de resolver esto antes de que sea demasiado tarde?
Porque si no hay solución, lo que se caerá no será solo la feria…
será la confianza.
*Credito del contexto al portal Yucatán Dice.
