Gabinete en vitrina: mucho “aquí estoy”, poca calle
En el gabinete de Joaquín Díaz Mena parece haberse instalado una extraña urgencia: la de demostrar que están trabajando. Fotos, videos, publicaciones diarias en redes sociales, sonrisas ensayadas y mensajes de autoaplauso que buscan decir “aquí estoy”, como si alguien lo estuviera dudando. Y no, no es que la ciudadanía exija pruebas fotográficas del cumplimiento del deber; es que el trabajo real no se mide en likes.
Quien ocupa un cargo público no tiene nada que presumir. Para eso fue nombrado, para eso cobra y para eso tiene una responsabilidad con la gente. El problema es que muchos integrantes del gabinete han confundido gobernar con posar, y servir con publicar.
En lugar de convertir las redes sociales en escaparate personal, deberían estar en las colonias, en las comisarías, en los municipios; sentados en mesas de trabajo reales, escuchando de frente a la gente y entendiendo sus verdaderas necesidades. La política no se ejerce desde un celular, se ejerce desde el territorio.
Ahí está el caso de Luis Hevia, presumiendo caminos sacacosechas como si se tratara de una hazaña extraordinaria, cuando en realidad es una obligación básica del gobierno del estado. El problema del campo no se resuelve con terracerías para la foto, sino garantizando la compra de cosechas, precios justos y condiciones dignas para los productores. Lo otro es propaganda.
O Milo Barrera, cuyo papel parece reducirse a dos funciones: salir en la foto y anunciar promesas de inversión que rara vez aterrizan. No hay apoyo real, directo y tangible para pequeños, medianos y grandes comerciantes. Y conviene recordarlo: no trabaja para la iniciativa privada, trabaja para los ciudadanos, para aliviar el bolsillo de la gente, no para inflar discursos.
Este gabinete parece más preocupado por verse activo que por ser eficaz. Más atento al encuadre de la cámara que al reclamo del ciudadano. Y eso, tarde o temprano, se nota.
