GASPAR ALEMAÑY: EL ROSTRO DEL PODER Y EL ROSTRO ANTE LA CIUDADANÍA.
Hay fotografías que no necesitan explicación. Hay rostros que hablan.
Las dos imágenes que acompañan esta editorial muestran un contraste que resulta imposible pasar por alto. Por un lado, Gaspar Alemañy aparece sonriente, cómodo y relajado cuando comparte escenario con funcionarios y diputados. Por el otro, está sentado frente a una ciudadana en pleno Palacio de Gobierno, precisamente en un espacio donde, según el discurso oficial, el Gobierno debe escuchar y atender directamente al pueblo.
Y entonces surge una pregunta incómoda:
¿Ese rostro serio, distante y poco accesible es el rostro del llamado “Renacimiento Maya” cuando se trata de atender a la ciudadanía?
Porque si el gobernador Joaquín Díaz Mena ha definido su gobierno como un Renacimiento Maya, habría que preguntarle también a sus funcionarios qué significa realmente ese concepto cuando tienen enfrente a una mujer que llega al Palacio de Gobierno buscando una gestión, una respuesta o simplemente ser escuchada.
Porque el Renacimiento Maya no puede ser solamente un eslogan.
Tiene que verse en el trato a la gente.
UNA SONRISA PARA EL PODER, OTRA ACTITUD PARA EL PUEBLO
La fotografía con funcionarios y diputados muestra a un Consejero Jurídico sonriente, integrado al ambiente político, cómodo frente a las cámaras.
Pero cuando la escena cambia y enfrente está una ciudadana, el lenguaje corporal también parece cambiar.
Y ahí está precisamente el problema.
No estamos juzgando una fotografía por sí sola. Estamos cuestionando lo que representa.
Porque un funcionario público debe entender que el ciudadano que llega a Palacio de Gobierno no está llegando a pedir un favor personal al funcionario.
Está ejerciendo su derecho a ser escuchado por un gobierno que se supone cercano al pueblo.
Y quien está sentado frente a esa persona representa al Gobierno del Estado.
Por eso, la actitud importa. El rostro importa. La disposición importa.
No se puede tener una sonrisa permanente para los funcionarios y una actitud completamente diferente para quienes llegan desde una colonia, una comunidad o un municipio a buscar ayuda.
Eso sería exactamente lo contrario de lo que el discurso del Renacimiento Maya pretende representar.
¿Y DÓNDE ESTÁ EL CONSEJERO CUANDO YUCATÁN TIENE PROBLEMAS JURÍDICOS?
Aquí está el fondo de esta crítica.
Gaspar Alemañy no ocupa un cargo protocolario.
No es funcionario de fotografía.
Es Consejero Jurídico del Gobierno del Estado.
Y Yucatán tiene demasiados asuntos jurídicos y políticos pendientes como para darse el lujo de tener una Consejería Jurídica que sea percibida como una oficina más de acompañamiento institucional.
Hay conflictos territoriales, asuntos ejidales, controversias por tierras, problemas relacionados con proyectos y permisos, conflictos sociales y jurídicos que requieren capacidad, estrategia, negociación y respuestas.
Los problemas no se resuelven posando.
Tampoco se resuelven apareciendo en la fotografía correcta, al lado de la persona correcta.
Se resuelven trabajando.
Se resuelven negociando.
Se resuelven estudiando expedientes.
Se resuelven construyendo soluciones jurídicas.
Y, sobre todo, se resuelven dando la cara cuando el conflicto llega a la puerta del Gobierno.
EL SUELDO LO PAGA LA CIUDADANÍA
Hay algo que ningún funcionario debería olvidar:
su salario lo paga la gente.
Lo paga el ciudadano que llega a Palacio de Gobierno.
Lo paga la persona que trabaja todos los días.
Lo pagan las familias que cumplen con sus obligaciones fiscales.
Por eso, ningún funcionario tiene derecho a tratar a la ciudadanía como si estuviera haciendo un favor.
Mucho menos alguien que ocupa una posición tan importante dentro del Gobierno del Estado.
El ciudadano merece el mismo respeto que un diputado.
La misma atención que un funcionario.
La misma cordialidad que cualquier persona que tenga acceso al poder.
Porque el ciudadano es quien finalmente sostiene al Gobierno.
GOBERNADOR: EL RENACIMIENTO MAYA TAMBIÉN SE MIDE EN LOS ROSTROS
Aquí es donde el gobernador Joaquín Díaz Mena debería poner atención.
Porque si el Renacimiento Maya significa devolverle dignidad, voz y protagonismo al pueblo yucateco, entonces también debe significar que los funcionarios sepan mirar a los ciudadanos a los ojos, escucharlos y atenderlos con respeto.
El Renacimiento Maya no puede ser una fotografía.
No puede ser una campaña de imagen.
No puede ser una frase bonita en un discurso.
Tiene que sentirse cuando una ciudadana entra al Palacio de Gobierno.
Y si una fotografía tomada ahí mismo muestra una actitud que parece contradictoria con ese espíritu, entonces alguien debería preguntarse qué está fallando.
Porque quizá el problema no está en el discurso del gobernador.
Quizá está en algunos de los funcionarios que no han entendido el discurso.
POR ESO, EL CAMBIO DEBE ESTAR SOBRE LA MESA
Gaspar Alemañy debe ser evaluado por resultados, no por fotografías.
Si la Consejería Jurídica no está siendo capaz de anticipar conflictos, resolver controversias y acompañar al Gobierno del Estado en los grandes problemas jurídicos que enfrenta Yucatán, entonces el gobernador tiene la obligación política de tomar decisiones.
Y una de esas decisiones debe ser considerar seriamente su relevo.
No se trata de una vendetta.
No se trata de una diferencia personal.
Se trata de una pregunta elemental de administración pública:
¿Está dando resultados el funcionario?
Si la respuesta es no, entonces no hay razón para mantenerlo.
Porque Yucatán no necesita un Consejero Jurídico que sea excelente para las fotografías y deficiente para enfrentar los problemas.
Necesita un profesional que tenga carácter para enfrentar conflictos, capacidad para negociar, conocimiento jurídico y, sobre todo, sensibilidad para entender que del otro lado del escritorio no hay un número de expediente: hay una persona.
Ese es el verdadero rostro que debería tener el Renacimiento Maya.
El rostro de un gobierno que escucha.
El rostro de un gobierno que atiende.
El rostro de un gobierno que resuelve.
Y si Gaspar Alemañy no ha entendido que su verdadero jefe no es la fotografía, ni el protocolo, ni el círculo político, sino la ciudadanía, entonces el gobernador debería tomar una decisión.
Porque cuando un funcionario deja de ser útil para resolver los problemas del gobierno y se convierte solamente en una figura decorativa, mantenerlo en el cargo deja de ser lealtad y comienza a convertirse en complicidad con la ineficiencia.
Yucatán necesita resultados.
El gobernador necesita funcionarios que estén a la altura.
Y la Consejería Jurídica necesita, urgentemente, un cambio.
Porque el verdadero Renacimiento Maya no se demuestra sonriendo frente a los políticos.
Se demuestra cuando una ciudadana entra al Palacio de Gobierno y encuentra a un funcionario dispuesto a escucharla, respetarla y ayudarla.
