Jorge Sánchez “El Gallo”: el diputado de Tabasco que desplazó a los morenistas de Yucatán.
Cada proceso electoral deja lecciones y también agravios políticos que la militancia difícilmente olvida. Uno de ellos en Yucatán tiene nombre y apellido: Jorge Sánchez Reyes, “El Gallo”, un político identificado con el grupo tabasqueño de la Cuarta Transformación que terminó ocupando una diputación federal que muchos militantes consideraban debía corresponder a un perfil surgido del propio estado.
La pregunta que sigue resonando entre numerosos morenistas yucatecos es sencilla: ¿cómo fue que un político con trayectoria ligada a Tabasco terminó representando a los ciudadanos de Yucatán en la Cámara de Diputados, mientras cuadros locales con años de trabajo territorial fueron relegados?
Para muchos militantes la respuesta está en las relaciones políticas construidas alrededor del círculo cercano del obradorismo. Mientras cientos de fundadores, activistas y operadores de Morena en Yucatán recorrían calles, defendían el movimiento y enfrentaban procesos electorales difíciles, la candidatura terminó en manos de un personaje que no surgió de las bases yucatecas.
Lo más preocupante es que, después de ocupar el cargo, los resultados siguen siendo difíciles de identificar para gran parte de los ciudadanos. Más allá de los recorridos, las fotografías, las asambleas y la promoción constante de la llamada “Ruta del Gallo”, la pregunta continúa sin respuesta: ¿qué beneficios concretos obtuvo Yucatán gracias a la gestión de Jorge Sánchez?
¿Qué inversión histórica gestionó para Progreso?
¿Qué proyecto estratégico impulsó para el Distrito 2 Federal?
¿Qué recursos extraordinarios consiguió para los pescadores?
¿Qué iniciativa legislativa trascendental promovió específicamente para atender las necesidades de los yucatecos?
Son preguntas legítimas que acompañan cada intento de posicionamiento rumbo a una eventual reelección.
Hoy, mientras el diputado multiplica reuniones y asambleas en colonias de Progreso, muchos ciudadanos observan con escepticismo una estrategia que parece más orientada a construir una nueva candidatura que a rendir cuentas sobre los resultados obtenidos.
El problema no es su lugar de nacimiento. El problema es la representación. Porque cuando un estado tiene mujeres y hombres preparados, con arraigo, conocimiento de la cultura local y décadas de trabajo político en la entidad, resulta inevitable preguntarse por qué se privilegian perfiles externos por encima de quienes conocen de primera mano las necesidades de Yucatán.
Los yucatecos merecen representantes que lleguen al Congreso por méritos propios, por trabajo con las bases y por conocimiento profundo de la realidad estatal, no únicamente por respaldos políticos construidos lejos de la península.
Si Jorge Sánchez aspira a continuar en el cargo, la discusión ya no debe girar alrededor de cuántas asambleas organiza ni cuántas fotografías publica. Debe centrarse en algo mucho más simple: ¿qué cambió para los yucatecos gracias a su presencia en la Cámara de Diputados?
Porque al final, los cargos públicos no son patrimonio de grupos políticos ni de relaciones personales. Son espacios que pertenecen al pueblo, y el pueblo tiene derecho a exigir resultados.
