¡Más camas, más atención, pero también más personal!
En estos momentos hay una gran manifestación en las puertas del Hospital donde trabajadores, enfermeros, enfermeras doctores etc. Están gritar Más Personal!!!
La inauguración del nuevo Hospital General Dr. Agustín O’Horán fue presentada como una de las grandes obras de salud para Yucatán. La presidenta Claudia Sheinbaum y el gobernador Joaquín Díaz Mena presumieron una infraestructura monumental: 669 camas, 82 consultorios, 16 quirófanos y 48 especialidades, con capacidad para atender a miles de pacientes.
Y nadie puede negar que tener un hospital de estas dimensiones representa una enorme oportunidad para mejorar la atención médica de los yucatecos.
Pero hay una pregunta que no puede seguir escondiéndose detrás de las paredes nuevas, los equipos de alta tecnología, los quirófanos modernos y los discursos oficiales:
¿Y EL PERSONAL?
Porque un hospital no funciona con concreto, robots, inteligencia artificial ni camas vacías.
Funciona con médicos, enfermeras, camilleros, laboratoristas, trabajadores administrativos, personal de limpieza, técnicos, especialistas y todos aquellos que hacen posible que un paciente sea atendido dignamente.
La propia información oficial anunció que el nuevo O’Horán permitiría crear 3 mil nuevas plazas e incorporar 1,500 especialistas, además de regularizar a 2,500 trabajadores.
Entonces la pregunta es inevitable:
¿Dónde están esas plazas? ¿Cuándo llegarán? ¿Cuántos trabajadores hacen falta realmente para operar al cien por ciento un hospital de 669 camas?
Porque si el hospital creció exponencialmente en infraestructura y capacidad de atención, resulta absurdo pensar que pueda funcionar adecuadamente con prácticamente la misma plantilla laboral.
Y aquí es donde la protesta de los trabajadores adquiere todo el sentido:
¡MÁS PERSONAL! ¡MÁS PERSONAL! ¡MÁS PERSONAL!
No están pidiendo un privilegio.
Están pidiendo las condiciones mínimas para poder hacer su trabajo sin poner en riesgo su propia salud, su seguridad y, lo más importante, la vida de los pacientes.
¿Qué clase de transformación sería aquella que presume el hospital más grande, pero pretende que sus trabajadores hagan el trabajo de dos, tres o hasta cuatro personas?
¿Qué clase de ahorro presupuestal sería aquel que se consigue a costa del cansancio y la sobrecarga de quienes están en primera línea?
Y hay algo todavía más preocupante: la explotación laboral no puede disfrazarse de vocación de servicio.
Que un médico, una enfermera o cualquier trabajador de la salud tenga compromiso con sus pacientes no significa que deba aceptar jornadas imposibles, falta de personal o cargas laborales excesivas.
La pregunta debe llegar hasta los escritorios de quienes toman las decisiones:
¿Los asesores de la Presidencia y del Gobierno de Yucatán no advirtieron que un hospital con cientos de camas adicionales necesita cientos —o miles— de trabajadores adicionales para funcionar correctamente?
Porque si sí lo advirtieron, entonces urge saber por qué no se ha resuelto plenamente el problema de personal.
Y si no lo advirtieron, entonces hay que preguntarse para qué sirven tantos asesores y tantos funcionarios.
El gobernador Joaquín Díaz Mena ha dicho que lo más importante del nuevo O’Horán no son sus paredes, sino lo que suceda dentro de ellas.
Precisamente por eso hay que escuchar a quienes están dentro.
Porque un hospital de primer mundo con trabajadores agotados puede terminar ofreciendo una atención de tercer mundo.
El nuevo O’Horán merece tener tecnología de punta, pero también personal suficiente.
Merece 669 camas, pero también manos suficientes para atenderlas.
Merece 16 quirófanos, pero también equipos completos para hacerlos funcionar.
Merece 48 especialidades, pero también especialistas suficientes.
Y, sobre todo, merece trabajadores que puedan desempeñar su función con dignidad, sin que la austeridad presupuestal termine convirtiéndose en sobreexplotación laboral.
La transformación de la salud no se mide solamente por el tamaño del edificio.
Se mide por cuántos pacientes pueden ser atendidos correctamente y por las condiciones en las que trabajan quienes los atienden.
Por eso hoy el mensaje debe ser claro y contundente:
¡NO BASTA CON MÁS CAMAS!
¡SE NECESITA MÁS PERSONAL!
¡MÁS PERSONAL!
¡MÁS PERSONAL!
Porque detrás de cada cama hay un paciente.
Y detrás de cada paciente debe haber un trabajador de la salud con tiempo, herramientas y condiciones dignas para atenderlo.
Ese también debería ser el verdadero Renacimiento de la Salud en Yucatán.
