La presidenta Claudia Sheinbaum fue clara en California. Sin rodeos, sin aplausos fáciles y sin simulación: “menos fotos y más territorio”. No fue una frase para el anecdotario ni para adornar discursos; fue un jalón de orejas público a legisladores federales y locales que han confundido la política con una pasarela y la representación popular con una sesión permanente de selfies.
El mensaje era contundente: la política no se ejerce en redes sociales, se ejerce en el territorio, con la gente, enfrentando problemas reales y dando resultados concretos. Pero como suele pasar, en Yucatán el mensaje entró por un oído y salió por el otro.
Hoy, los diputados locales y federales de Yucatán —incluidos los del Partido Verde y el PT— parecen más preocupados por aparecer en la foto correcta que por pisar las colonias correctas. Hay más presencia en eventos sociales que en comunidades marginadas; más comunicados vacíos que iniciativas con impacto; más discursos reciclados que trabajo legislativo serio.
El Verde y el PT, aliados cómodos del poder, han optado por la ruta fácil: levantar la mano, guardar silencio incómodo y disfrutar de las prebendas del cargo. Su papel en Yucatán es lamentable: partidos satélite que no incomodan, no proponen y no representan. Son gestores de imagen, no defensores del pueblo. Su lealtad no está con la ciudadanía, sino con la conveniencia política del momento.
Y los diputados, tanto locales como federales, no se quedan atrás. Muchos creen que cumplir es asistir a ruedas de prensa, posar para la foto oficial y publicar frases grandilocuentes en redes sociales. El territorio les incomoda, la crítica les molesta y el contacto directo con la gente les estorba. Prefieren el aire acondicionado del Congreso antes que el calor de las demandas ciudadanas.
Lo grave no es solo la flojera política; es la desconexión absoluta con la realidad social de Yucatán. Problemas de vivienda, empleo, seguridad, servicios públicos y justicia siguen acumulándose mientras los representantes populares juegan a la política de utilería. No hay liderazgo, no hay carácter y, peor aún, no hay vergüenza.
Sheinbaum habló desde California, pero el mensaje iba dirigido también a Yucatán: la política no es espectáculo, es responsabilidad. Y hoy, muchos legisladores y partidos aliados están reprobados. No por falta de oportunidades, sino por exceso de simulación.
Menos fotos, menos discursos huecos y menos partidos parásitos. Más territorio, más trabajo real y más respeto por la gente que les dio el voto. Porque si no entienden el mensaje ahora, el territorio —tarde o temprano— se los va a cobrar.
