¿Quién gobierna la gobernabilidad en Yucatán? El desgaste de Omar Pérez Avilés.
En política hay cargos que no admiten curvas de aprendizaje. La Secretaría General de Gobierno es uno de ellos. Quien ocupa esa oficina debe anticipar conflictos, negociar con todos los actores, apagar incendios antes de que se propaguen y convertirse en el principal operador político del gobernador. Cuando eso no ocurre, el costo no lo paga únicamente el secretario: lo termina pagando todo el gobierno.
Ese parece ser el escenario que enfrenta hoy la administración de Joaquín Díaz Mena.
A pesar de ser uno de los hombres de mayor confianza del gobernador, Omar Pérez Avilés ha quedado en el centro de los cuestionamientos por la falta de una operación política capaz de contener los conflictos que, prácticamente desde el inicio del sexenio, se han ido acumulando.
Los problemas no han sido aislados. Han sido constantes.
Los cambios en Comunicación Social reflejan la dificultad para consolidar una estrategia de comunicación gubernamental. El conflicto alrededor del sistema Va y Ven continúa generando cuestionamientos ciudadanos. Los problemas ejidales siguen apareciendo en distintos puntos del estado. El caso de Chichén Itzá evidenció que el diálogo político no ha logrado construir acuerdos duraderos entre autoridades y los diversos sectores involucrados.
Cada conflicto tiene su propia naturaleza, pero todos terminan conduciendo al mismo escritorio: el de la Secretaría General de Gobierno.
La pregunta que comienza a escucharse entre diversos actores políticos ya no es si existen problemas. Es si existe una estrategia política para resolverlos.
La cercanía entre Joaquín Díaz Mena y Omar Pérez Avilés ha sido uno de los pilares de este gobierno. Sin embargo, la historia política demuestra que la confianza personal difícilmente sustituye la eficacia en la operación gubernamental. Gobernar exige resultados.
En el entorno político estatal ya circulan versiones sobre una eventual reestructuración del gabinete. No existe confirmación oficial de que el gobernador contemple un relevo en la Secretaría General de Gobierno, pero las especulaciones responden al desgaste que provoca la acumulación de conflictos sin soluciones definitivas.
Cada día que pasa sin una operación política más eficaz aumenta la presión sobre uno de los cargos más importantes del Ejecutivo.
Hoy Yucatán requiere una Secretaría General de Gobierno con capacidad para construir acuerdos, contener crisis, dialogar con todos los sectores, generar estabilidad y evitar que los problemas escalen hasta convertirse en crisis políticas.
La gobernabilidad no se improvisa. Se construye todos los días.
Joaquín Díaz Mena todavía tiene margen para corregir el rumbo de su administración. Todo gobernador, llegado cierto momento, debe preguntarse si sus colaboradores siguen siendo los perfiles adecuados para enfrentar una nueva etapa del gobierno o si el contexto exige incorporar experiencia, negociación y liderazgo político.
Más allá de los nombres, el verdadero desafío es recuperar la capacidad de operación política del Ejecutivo. Porque cuando la Secretaría General de Gobierno deja de ser un espacio de solución y comienza a ser percibida como un área reactiva, las crisis dejan de ser episodios aislados para convertirse en un problema de gobernabilidad.
En política, el tiempo rara vez concede segundas oportunidades. Si el gobierno quiere evitar que los conflictos continúen marcando la agenda pública, deberá fortalecer cuanto antes su capacidad de interlocución y respuesta. De lo contrario, la discusión dejará de centrarse en los problemas del estado y comenzará a enfocarse en quién debe asumir la responsabilidad política por ellos.
