ROLANDO ZAPATA: EL SENADOR QUE CRITICA A MORENA, PERO NO MIRA EL COLAPSO QUE DEJÓ EN EL PRI
En política, los números no mienten. Y los números del PRI en Yucatán son demoledores.
En 2007 y 2012 el PRI aún competía y ganaba gubernaturas. Pero después del gobierno de Rolando Zapata Bello, el partido no solo perdió el poder: se desplomó.
En 2012 el PRI obtuvo más de 415 mil votos para gobernador. Para 2024, el PRI apenas alcanzó poco más de 95 mil votos. Una caída histórica. Un colapso político sin precedentes.
¿Quién gobernaba cuando comenzó la debacle?
¿Quién dirigía la estructura?
¿Quién tenía el control político y presupuestal del estado?
Rolando Zapata.
Hoy, desde el Senado, critica a Morena con severidad. Pero guarda silencio sobre la devastación interna que dejó en su propio partido. La autoridad moral no se construye con discursos; se construye con resultados. Y los resultados están a la vista: el PRI pasó de ser partido gobernante a fuerza marginal.
Durante su administración emergió una élite política integrada por nombres conocidos: Roberto Rodríguez Asaf, Víctor Caballero Durán, Mauricio Sahuí Rivero, Sergio Vadillo Lora y otros integrantes de la misma camarilla. Una generación que concentró poder, posiciones y decisiones estratégicas.
Mientras tanto, miles de priistas de base quedaron desplazados, marginados, abandonados. Las estructuras municipales se desmoronaron. La militancia fue ignorada. El partido se convirtió en un círculo cerrado.
Hoy el senador aparece constantemente en medios, opinando, criticando, marcando línea. Pero muchos dentro del propio priismo yucateco se preguntan:
¿Desde qué legitimidad?
¿Con qué resultados lo respalda su liderazgo?
¿A quién representa realmente?
Además, resulta evidente su influencia en la dirigencia estatal encabezada por Gaspar Quintal Parra. Si verdaderamente existe intención de rescatar al PRI en Yucatán, el primer paso no es atacar a Morena. El primer paso es asumir responsabilidades.
Si Rolando Zapata realmente quiere reconstruir al priismo, tendría que comenzar por deslindarse de la camarilla que concentró poder y que hoy carga con el descrédito público. Tendría que permitir renovación real. Tendría que abrir espacio a nuevas generaciones. Tendría que reconocer errores.
Porque la crítica sin autocrítica es simulación.
Morena creció, sí. Pero el PRI cayó por sus propias decisiones internas. El voto no se pierde solo: se pierde cuando se rompe la confianza, cuando se cierra el partido, cuando la política se convierte en grupo y no en proyecto.
Los números hablan por sí solos. Y el PRI en Yucatán es hoy un partido reducido porque quienes lo dirigieron prefirieron el control antes que la construcción colectiva.
Si de verdad se quiere rescatar al partido, el mensaje es claro: menos discursos contra Morena y más responsabilidad histórica.
La política exige memoria. Y la militancia también.
